Existe un sufrimiento evitable que en una relación de ayuda nos pide una respuesta clara. Si atendemos al sufrimiento causado por una o unas enfermedades, la medicina busca aliviar este sufrimiento tratando la causa, curando la enfermedad si es posible, o al menos haciendo que los síntomas más nocivos puedan ser más tolerables. En esta dinámica raramente contemplamos el hecho del sufrimiento en sí, este desaparece o pierde intensidad y podemos reemprender nuestra vida

Pero también existe un sufrimiento inevitable. Estados en que no es posible la curación, o que los síntomas más importantes solo se pueden reducir parcialmente, o enfermedades que nos dejan en una situación de pérdida del grado de autonomía y que nos hacen dependientes de aparatos ortopédicos y de la ayuda de los demás, o enfermedades que nos anuncian la proximidad de la muerte en un plazo siempre más corto de lo que podríamos llegar a pensar. Además del sufrimiento que se deriva del curso o de la naturaleza de las enfermedades, hay un sufrimiento emocional cuando hemos sufrido estados de ruptura, de pérdidas, de miedo o estados de duelo. Hay un sufrimiento que padecen las personas cuidadoras de otras aquejadas de altos grados de incapacidad y dependencia. Hay un sufrimiento por causas sociales y económicas. Hay un sufrimiento espiritual, en especial cuando nos encontramos en estados en que por una u otra razón, perdemos en sentido de la vida.

En todos estos estados en que no podemos modificar y anular la causa, el sufrimiento en sí es quien domina nuestra vida, y es en estos momentos que necesitamos recursos para poder, no solo sobrellevarlo, sino poder aliviarlo y poder ser capaces de trascenderlo. Hay formas de vivir este sufrimiento inevitable que nos pueden hacer evolucionar y crecer hasta logros que nunca hubiésemos podido imaginar. Pero a menudo, si carecemos de soporte o de guía, nos puede hundir en la desesperanza.

Estas formas de sufrimiento: físico, emocional, social y espiritual, casi siempre se imbrican unos con otros. Una enfermedad nos puede afectar el estado emocional o hacernos perder el sentido de la vida, como también sabemos que un estado de carencia o pérdida emocional puede repercutir en todos los ámbitos. De ahí que a pesar de que podemos tener la posibilidad de buscar ayuda en profesionales de cada una de estas áreas, mi dirección es poder ofrecer esta ayuda integrándola como médico a través de mi recorrido profesional y personal.

La consulta del sufrimiento puede ser realidad gracias a mi larga trayectoria profesional en el ámbito de las curas paliativas y del acompañamiento en el final de vida. Como médico que ha puesto en práctica el ejercicio de la medicina integrativa con formación acreditada en medicinas holísticas, que entienden a la persona como una totalidad, lo que quiere decir con su biología, sus emociones, sus aspiraciones, las relaciones sociales y familiares, su capacidad de trascendencia y su espiritualidad. Como practicante que puede aportar lo que se ha demostrado  eficaz como beneficios terapéuticos de la práctica de la consciencia despierta, en tanto que discípulo de reconocidos/as maestros/as de meditación.

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